• Máquina-Hamlet

    Texto: Heiner Müller Traducción y dirección: Jean-Frédéric Chevallier Con: Tizoc Alatorre, José Juan Díaz, Maïa Nicolas, Dulce Sánchez, Paola Torres Colaboración artística: Fabiola Villanueva Benoît Mory y Asistente de dirección: Ángeles Batista Asistente de producción Producido por Secretaria de Cultura del GDF, Proyecto 3
     
    Museo Nacional de las Culturas, México D.F, noviembre-diciembre 2004.
     


    Con Máquina-Hamlet, Proyecto 3 desarrolla un cuestionamiento práctico en cuanto al uso teatral de espacios no teatrales. El montaje se desarrolla en un espacio rectangular de seis por diez metros. Los espectadores están colocados a veces de un lado del área, a veces del otro, a veces dentro. El montaje es breve. Se presencia una combinación de movimientos y palabras en la cual sobresalen la coralidad, la musicalidad y la violencia de un texto complejo que participa del collage tanto como de la fragmentación deliberada: aparecen a la vez Hamlet, Electra, Ofelia, Staline, Ricardo III, Mao, Macbeth y Lenine; las alusiones al Dinamarca shakesperiano cohabitan con referencias al reporte de Kroutchev en el Congreso de 1956 y a la entrada de los tanques soviéticos en Budapest. Pero, aquellas referencias no tienen porqué ser entendidas por el espectador. En realidad, la partitura textual como la partitura corporal y musical tienden a inscribir cada espectador en un conjunto de emociones y reflexiones propias. Los actores intervienen desde varias partes del espacio, incluso a veces atrás del público. Hablan, bailan, cantan, hacen acrobacia, lanzan sillas, se enrollan en bandas de gasa.

    Desde su publicación en Alemania del este en 1977, Maquina-Hamlet marcó un giro en la historia de la escritura teatral. Es un texto muy breve: son apenas nueve hojas. Es un texto complejo, un texto que participa del collage tanto como de la fragmentación deliberada. El idioma –para que tomemos conciencia del aspecto sonoro de las palabras– puede pasar, sin que se recurra a ninguna transición, del alemán (español) al inglés. Con un texto así, el autor, Heiner Müller pone en evidencia la necesidad de una modificación radical en el propósito dramatúrgico. En la cuarta secuencia, es decir aproximadamente a mitad de la obra, el intérprete de Hamlet deja mascara y vestuario, luego dice lo siguiente: “Ya no soy Hamlet. Ya no actuó más papeles. Ya mis palabras no tienen nada que decirme. Ya no actuó más.” Ya no estamos en la escenificación de una historia imaginaria y lineal, ya salimos del paradigma fundador del drama moderno, y, para decirlo de forma aún más corta: ya no hay drama que nos interese o que nos concierna. En ese sentido, lejos de ser provocadora, la afirmación "ya no soy Hamlet" es de las más sensatas: nuestro escenario contemporáneo no puede ser pensado ni practicado como lugar para la creación de personajes; al entrar de pleno en la cultura de las imágenes, el arte escénico debe de cambiar de rumbo por completo.

    Al final de Máquina-Hamlet una mujer dice: “Ahogo entre mis muslos el mundo al que di a luz. Lo sepulto en mi vergüenza. Abajo la felicidad de la sumisión. Viva el odio, el desprecio, el sublevamiento, la muerte. Cuando ella atraviese sus recámaras con sus cuchillos de carnicero, ustedes sabrán la verdad.” Esa afirmación espantosa y hermosa a la vez, no se trata de saber si la entendemos o no. Lo que podemos constatar –sencillamente– es que nos toca: ese texto mueve algo en nosotros, en lo más íntimo, lo mueve directamente, es decir sin que tengamos que seguir las peripecias de un supuesto personaje para sentirlo, sin que necesitemos el intermediario de la representación ficticia para relacionarnos con esas palabras. Lo que la percepción privilegia, la de los actores como la de los espectadores, es el aquí y ahora del acto teatral.

    Finalmente, la necesidad de hacer el duelo de la representación (y de la ideología de la representación), como nos invitan en hacerlo el texto de Heiner Müller, encuentra su más profunda explicación aquí: representar equivale a negar las diferencias, es buscar que todos quepan en un mismo esquema explicativo. Al contrario, el interprete de Hamlet dirá: “Mi plaza estaría de los dos lados del frente, entre los frentes, arriba”. Una plaza así, imposible de ocupar, abre realmente el horizonte a la diversidad.


     

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    1
    Monday 6th September 2010 at 06:50

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