• Posibilidades de la escritura teatral posmoderna

    VICTOR VIVIESCAS

    Articulo publicado en Coloquio internacional sobre el gesto teatral contemporáneo, México D.F., 2004. pp. 49-63.

    UNAM / ESCENOLOGIA / PROYECTO 3

    La pregunta sobre las posibilidades de la escritura teatral posmoderna produce un cierto estremecimiento. El riesgo de responder con lo que se podría entender como un programa del teatro presente y del porvenir es una amenaza que se cierne sobre ella. Yo quisiera mejor compartir algunas intuiciones que no quieren ser programáticas.De entrada, porque mi propia experiencia como escritor y mi encuentro con la dramaturgia contemporánea me llevan a la constatación de que la escritura posmoderna es, por lo menos, plural. Cualquier intento de reflexionar esta escritura corre el riesgo de fracasar, si la guía para este pensamiento es la de la identificación de un sistema. La pluralidad de la escritura contemporánea reclama ya para sí una condición de ruptura con lo sistemático. El sentido de lo posmoderno puede entonces empezar a delimitarse por esta elusividad del sistema que exhibe una cierta escritura de nuestro tiempo presente. Pero esta limitación sigue siendo insuficiente. Habría inmediatamente que agregar que esta elisión de lo sistemático actúa en una doble dirección: de entrada, en la de la imposibilidad de establecer un sistema general de la escritura contemporánea; y en seguida, en lo que respecta a la escritura misma, en el abandono de los escritores contemporáneos de la pretensión de abarcar la realidad desde la obra de arte como una totalidad presente. En esta segunda constatación se deja ya intuir un nuevo aspecto que circunscribe el concepto de lo posmoderno y es el de la experimentación de lo fragmentario. Esta sería una actitud que acompaña a la escritura que se reconoce como posmoderna. Pero asistematicidad y fragmentariedad son rasgos de una escritura que podemos reconocer como posdramática y posrepresentacional. Es este el sentido restringido que en este texto yo querría dar al término de posmoderno. En tanto que metáfora que abarca la totalidad de la vida humana de una manera sistemática, la forma dramática, tal como ella se experimenta en la cultura occidental a partir del Renacimiento, es moderna. La representación, tanto en el sentido ingenuo de la mimesis como en el sentido ilustrado de la crítica, que confía en la distancia que separa al original de la copia, es decir, que establece una relación de sujeción de la obra de arte al referente, es también moderna. La adopción de nuestra restricción de lo posmoderno a lo posdramático y a lo posrepresentacional adquiere en este contexto su validez provisional. La pregunta por las posibilidades de la escritura teatral posmoderna puede entonces reformularse en el sentido de interrogarnos sobre cuáles serían las posibilidades de una escritura para el teatro que renuncia al programa de la representación y de la forma dramática —centrada en la acción y en el conflicto—. En la dimensión del teatro como práctica, que pone en relación al escritor del texto y a los realizadores del teatro —actor y director—, nos interrogamos sobre cuál sería la interrelación que puede establecer (aún) la escritura de autor –que llamaremos dramática, en este sólo sentido, es decir, escritura que preexiste al espectáculo- con el trabajo de puesta en escena y el trabajo del actor.

     

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