• Teatro del presentar y resistencia al neoliberalismo # 1

    JACQUES FRED

    Articulo publicado en la revista Rebeldía n° 50, México D.F., Diciembre 2005. pp. 43-50.

    http://revistarebeldia.org/

     

    "Todo ocurrió como si hubiese conexión continua entre el desarrollo capitalista y la capitalización de visiones o de imágenes del mundo".

    Jean-Luc Nancy, La creación del mundo o la mundialización.

     


    Desde hace unas décadas, algo cambia en la forma de practicar el teatro, tanto de hacerlo como de verlo. Hoy en día nos interesa menos la representación de una historia ficticia, el desarrollo de un conflicto entre personajes. Nos interesa menos el drama y lo que su escenificación implica: la representación. En otros términos: todo lo que definía al teatro (el drama y su representación) ya no nos permite hablar de él… La atención —tanto desde la sala como desde el escenario— se dirige más hacia lo que está detrás de la historia, de los personajes y del conflicto, en lo que se presenta, en lo que se expone, en lo que sucede (se logra, se percibe) aquí y ahora, lo que se ofrece a la mirada en el presente del acto de ofrecerlo. Por ejemplo, impacta más el hecho de que el actor levante el brazo que el porqué lo levantó. Considerar la presentación por encima de la representación, es privilegiar el evento que consiste en el surgimiento de una presencia. Una presencia que, por supuesto, no se agota en la presentación: es no solamente impropia para la representación sino también a merced de las disposiciones perceptivas del que asiste a la entrada en escena del aparecer.

     

    Ahora bien, hablar de un teatro que presenta en vez de representar equivale a subrayar cuán ajeno puede llegar a estar del sistema en el cual hoy vivimos: un sistema donde se realiza la venta espectacularizada de todo, y de todo porque todo es vendible. Este sistema Guy Debord lo califica de sociedad del espectáculo o “sistema de dominación espectacular” (1). Aquí, las reacciones del espectador son entramadamente determinadas, so pena de poner a mal los propósitos del espectáculo. Como recuerda Samuel Weber: “si uno se queda tranquilamente donde está, frente al televisor, entonces las catástrofes se quedarán siempre afuera, siempre un ‘objeto’ para un ‘sujeto’ —tal es la promesa implícita del medio—. Pero esta promesa consoladora se relaciona con una amenaza clara también, a pesar de que se quede inexpresada: ¡quédate donde estás! Porque si te mueves, eso puede provocar fácilmente una intervención, ya sea humanitaria o no” (2). En el espectáculo, se busca tener (y detener) a un espectador que siempre mira para saber lo que sigue (del “drama”) y, así, que jamás actúe. “Nos encontramos dentro de un espectáculo, pero en el cual sólo podemos mirar —el peor de los teatros tradicionales—” (3). Incluso, para mantener pasivo al espectador, es necesario despreciarlo. “Jamás había sido permitido mentir [a los espectadores] con tan perfecta ausencia de consecuencia. Se supone que el espectador ignora todo y no merece nada” (4). Esta situación del espectador explica que, en la sociedad del espectáculo, se haya “vuelto materialmente imposible hacer entender la mínima objeción al discurso mercantil” (5).

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    Notas:

    1. Guy Debord, Commentaires sur la société du spectacle, Paris, 1992, Gallimard. p. 13.

    2. Samuel Weber, in Hans-Peter Jäck, Plotiken des Anderen, vol. 1., Franckfort/Main, 1995, p. 26.

    3. Hans-Thies LEHMANN, Le théâtre postdramatique tr. P-H Ledru, Paris, 2002, L’Arche, p. 290.

    4. Guy DEBORD, op. cit., p. 31.

    5. Ibid., p. 45.

     

     

     


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