• Un lugar tiene lugar

    JEAN-FREDERIC CHEVALLIER

    Relato publicado en la Revista El Sótano n°5, Málaga, Abril, 2012. pp. 43-70.

    El Sótano. ISSN: 2173 - 8939.

     

    Un lugar tiene lugar

     

    Arrancó a las cinco de la tarde, el 25 de febrero de 2012, cuando el autobús que traía a los invitados de la ciudad de Calcuta llegó a la comunidad indígena Santalí de Borotalpada, a dos-cientos cincuenta kilómetros al suroeste de allí, en el estado de Bengala Occidental, en la India. Era el comienzo de la Quinta Noche de Teatro.

     

    Después de la ceremonia de bienvenida y un té, los espectadores caminaron, al ritmo de danzas tribales, hasta el Centro Cultural. Descubrieron las fotografías colgadas en cuatro de las salas del edificio en construcción. Al rededor de las seis y media, empezaron las presentaciones teatrales. Primero cerca de un lago ubicado más abajo del Centro, luego en medio de un estrecho camino que lleva al Centro y finalmente en el Centro Cultural mismo. Los montajes alternaron con danzas mahatos.  Cuando llegó la media noche, se sirvió la cena en la explanada del Centro. Las pocas horas que quedaban antes del amanecer se fueron llenando con pláticas y tragos, en pequeños grupos, bailes o caminatas bajo el cielo estrellado. A las siete de la mañana los habitantes de Bortalpada regresaron –un poco dormidos– para una segunda ronda de comida. Esta vez fueron las niñas quienes la sirvieron. Luego, estas mismas niñas volvieron a bailar. Eran casi las diez de la mañana.

     Que la Quinta Noche de Teatro tenga lugar no en una gran ciudad como había sido el caso para las cuatro primeras ediciones sino en una remota comunidad tribal que casi nadie conocía respondía a la voluntad de poner el “centro” en la periferia. He aquí también el porqué de la construcción allí de un “centro cultural” –un lugar dedicado a la producción de las artes de hoy pero ubicado lejos de los centros urbanos de cultura–. El propósito de la Quinta Noche era celebrar este proceso, anunciar su comienzo, dar una prueba tangible de este “centro” en la remota “periferia”.

    Yo arribé a Calcuta en Julio del 2008. Venía de México. Allí había conformado un grupo (Proyecto 3) con el cual estuve trabajando durante siete años. Teníamos nuestro “lugar” en los escenarios del Distrito Federal, nuestro estilo –las cubetas de agua como uno de los elementos recurrentes, el afán por diseñar dispositivos en los que el público camine siendo otro– y teníamos también nuestro pensamiento: hablábamos del gesto teatral contemporáneo, del teatro del presentar, de la producción de sentido por el espectador. Yo decía: “cuando el espectador está plenamente presente (disponible) al momento presente (aquí y ahora), el presente (estar) se abre para él como un presente (regalo)”.Ya estábamos bien establecidos pues, instalados, parados en un lugar cierto. Al llegar a la India, era justamente eso lo que ya no quería: lo confortable, lo instalado. Buscaba una manera de estar en movimiento, de lograr ponerme una y otra vez en cuestión: una forma de estar vivo.

     

    .......

     

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